Porto, Gaviota, Portugal

Es curioso como la vida nos pone infinidades de retos y situaciones que constantemente tenemos que enfrentar y aún para aquellos que llevan una vida relativamente sencilla, sería mentira decir que no se enfrentan a situaciones que les saquen de su zona de confort, especialmente con el año que llevamos y la ola pandémica que parece aún lejos de acabar, nos ha hecho a muchos lidiar con nuestras incertidumbres, dudas, miedos y sobretodo nos ha puesto en situaciones sobre las cuales no tenemos control alguno.

Hace algunos días estaba meditando, por lo general cuando medito no tengo ningún tipo de intención, solo observo las sensaciones que surgen en mi cuerpo y cuando lo hago frecuentemente me encuentro con mucha tensión. Aquel día, al transitar las sensaciones de tensión me daba cuenta que solamente el hecho de observar estas tensiones, poniendo el foco de atención en ellas, hacía que se liberaran. Es decir, solo poniendo la atención en la sensación inmediatamente la liberaba. De pronto, me fui dando cuenta que todo mi cuerpo prácticamente era un nudo de tensiones, por lo que fui poco a poco recorriéndolo mientras observaba e iba liberando, esto me llevo a pensar en la razón de la tensión.

La tensión surge cuando existe un rechazo a las experiencias que estoy viviendo

¿Cómo es posible que pueda haber tanta tensión? ¿Y qué hago yo para contribuir en su creación? Divagando entre mis múltiples interrogantes, continuaba transitando y liberando, poco a poco las respuestas iban llegando. Percibí que cuerpo únicamente está respondiendo a las situaciones externas. La tensión surge cuando existe un rechazo a las experiencias que estoy viviendo, se genera tensión aquí y allá, y se almacena en mi vehículo, mi cuerpo.

Mientras iba descubriendo todo esto, iba profundizando cada vez más y me iba dando cuenta cómo estas tensiones estaban tan relacionadas con el momento de vida en que me encuentro, donde a veces siento que mi capacidad de acción está limitada. Factores externos que impiden que yo pueda hacer lo que quiero. Es como la vida dándome limones y yo muriendo de ganas por un jugo de manzana, ¡no quiero limones, quiero manzanas! Pero, no hay manzanas, entonces -boom- se genera la tensión.

La tensión innecesaria es la respuesta corporal del rechazo a lo que es

Y es que en sí la tensión no es algo malo, es parte de nuestra naturaleza, el problema viene cuando está en desbalance, cuando rechazamos algo que nos ocurre, una conversación, una persona, un evento que no nos agrade o incluso cuando queremos que ocurra algo o tener algo que no tenemos, también se genera una reacción.

Actualmente estamos viviendo en un momento donde el cambio no solo es inevitable sino que cada vez lo percibimos más rápido y nuestra adaptabilidad y capacidad de respuesta pueden ser algo limitadas. Además de la crítica situación en que muchos se encuentran donde las necesidades básicas se ven amenazadas. Esto puede llevarnos a rechazar nuestra realidad, a conectarnos con nuestros miedos, nuestras frustraciones y dudas y es aquí donde surge la tensión como una respuesta física a lo que pensamos y la forma de enfrentarnos a esta experiencia de la cual parece que no tenemos control.

Si queremos dejar de sufrir, hay que aceptar de una vez por todas que no tenemos control de nada, más que de nuestras propias reacciones ante lo que nos presenta la vida. La clave está en encontrar el equilibrio reconociendo la experiencia que vivimos y aceptando que es así, la podamos cambiar o no, ahora es así, esta aceptación a un profundo nivel nos da paz, porque al final no importa lo que ocurra nuestra mente se mantiene como el cauce del río, permitiendo que todo fluya a través, y así mantener un cuerpo libre de tensiones innecesarias.

Foto: Porto, Portugal

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