La noche de brujas, conocida también como Halloween, una noche en la que las máscaras y los disfraces son permitidos y donde todo lo oscuro que tenemos dentro sale a la luz.

Porque sí, todos tenemos ese lado oscuro que por lo general no mostramos, ya que no es bien visto. Y por eso existe Halloween, esa noche donde nos permitimos sacar toda esa oscuridad a la vista del resto. 

No es casualidad los disfraces que elegimos, no es coincidencia. De cierta forma algo nos llama a vestirnos de X o Y, transformarnos en un personaje «ajeno» a nosotros mismos. Pero, ¿será ajeno realmente? Diría que no, por alguna razón, elegimos ese personaje, ya que refleja una parte de nosotros mismos. Tal vez un deseo reprimido, o un alter-ego, o simplemente algo que nos gustaría ser y nos queremos sentir un día como si fuéramos eso.

Me pasó hace algunos años cuando me disfracé de Frida, nunca lo pensé así realmente, pero por una noche pude percibir la potencia de esa mujer y llenarme de su fuerza, era como si viviese en mi por una noche. Y esa sensación me dejó mucho, aún para después.  

Este año me ocurrió algo similar y bastante curioso, yo nunca en mi vida había usado máscaras, por lo general no me gustan, pero tampoco había encontrado una máscara que me gustara, y esta noche de brujas fue la excepción. Me puse una máscara que me cautivó desde el día uno y me sorprendió todo lo que sentí estando detrás de ella.

Primero, había una gran emoción de permitirme estar detrás de una máscara por un día y ver el mundo desde ahí. Además de ver a la gente y sus reacciones, que fueron muy particulares.

Luego a medida que iba avanzando la noche, sentía que la máscara se convertía parte de mí, cada vez me sentía más a gusto en ella. Al punto de que hubo momentos en que tenía que ponérmela para sentirme bien, me sentía cubierta, protegida.

Interesante entenderlo ahora, pienso, esto no es muy diferente del día a día, en general. ¿Cuántos no andamos con máscaras que nos ponemos antes de salir de casa e incluso en ella? ¿Cuántos no nos ponemos el disfraz para enfrentar cada día o situación que vivimos?

Y creo que no solo es uno, tenemos miles de disfraces de los cuales algunos somos conscientes y otros no, pero vamos por la vida cambiando de uno a otro en piloto automático. Y llega el punto en que se nos hace muy delgada la línea entre este y la realidad y comenzamos a olvidar la diferencia entre el disfraz y el yo. 

Qué delgada puede ser esa línea a veces, tanto que incluso imperceptible hasta por nosotros mismos. Entramos en un juego de personajes que hasta nosotros mismos olvidamos que estábamos jugando.

Por eso que viva Halloween, las brujas y los monstruos. Las máscaras y los disfraces que nos permiten reconocer quienes somos realmente. 

Cada momento de la vida es una oportunidad para reconocernos.

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